Hace muchos años esta generosa tierra abrió sus puertas a inmigrantes en su mayoría españoles e italianos que corridos por la guerra y el hambre se vieron obligados a dejar sus países de origen para radicarse en un terruño que les ofreció paz y solidaridad. Las colectividades se afincaron integrando pueblos, barrios e instituciones, y relacionaron sus costumbres e inteligencias con abnegados propósitos. La gran inmigración, compuesta por meridionales españoles e italianos en su mayoría, si bien no estaba formada por obreros calificados, facilitaba su integración por afinidades idiomáticas y religiosas.
En la República Argentina, la quimera agraria favorecía poblar espacios desiertos del mundo con forasteros que en el transcurso del tiempo se transformarían en pioneros y civilizadores a la vez. Para Europa fue una válvula de escape a muchos problemas locales. El auge de la navegación de vapor permitió un traslado transoceánico rápido y económico. Buenos Aires fue puerta de entrada entre 1869 y 1914 duplicando su población. Desde mediados del siglo anterior se venían instalando colonias de diversos orígenes étnicos: judíos, suizos, franceses, alemanes, eslavos y los activos españoles e italianos, que se desparramaron a lo ancho y a lo largo del país.
Muchos se dedicaron a tareas de labranza otros, en cambio, se asentaron en ciudades especialmente Buenos Aires Entre 1881 y 1930 desembarcaron cuatro millones de personas. Los criollos vieron invadido su espacio porque esos denominados gringos que poblarían el país, se concentraron en la ciudad para cubrir todos los sitios de trabajo. La crisis de 1929 frenó el empuje y desde 1938 se combatió la inmigración clandestina solo admitiéndose la selectiva. El flujo se reanudará más modestamente al fin de la Segunda Guerra Mundial, entre 1945 y 1950. El castellano era lengua exigida para terciar en esa diversidad y sufrió ciertas influencias de los diferentes grupos foráneos. El comienzo, para los inmigrantes fue severo y debieron aceptar labores casi de servidumbre para ir ganando los primeros sustentos y mantener a sus familias dignamente.
Con el correr de los años y a costa de muchos sacrificios, lograron pequeños capitales y adquirieron el negocio propio que habían soñado siempre. Aconsejados por parientes y amigos fueron incursionando tímidamente en el rubro de la hotelería y se propusieron entender de leyes, impuestos y sobre todo de números, convirtiéndose a fuerza de tropiezos en los primeros hoteleros del país.
Corría el año 1951 y la forma de funcionar de estos hoteles económicos y/o pensiones era bastante anárquica, de rentabilidad escasa o nula, ya que los ingresos resultaban exiguos y los costos excesivamente altos. La mayoría ofrecía almuerzo y cena, situación agravada por continuas y recurrentes inspecciones por parte del Ministerio de Comercio Interior que impedía el aumento de precios y multaba por el incumplimiento de tarifas congeladas. Por esta razón resolvieron agruparse y peticionar normas más justas ante las autoridades competentes. El primer sitio donde funcionó la
Camara de Hoteles y Afines en formación fue en la esquina de Alsina y Pichincha y el dueño de ese lugar era un hotelero de nombre José González.
Su primer Presidente provisorio fue el Sr. Graces y se movían con recursos provenientes del aporte de sus asociados. Luego de reclamar reiteradas audiencias al Secretario de Comercio Interior, la misma fue concedida solicitándoles un estudio de costos por los servicios que prestaban. Siguieron años de consecuencia y lucha, la Camara de Hoteles y Afines se trasladó a la calle Pozos 140, donde ya funcionó como Entidad Civil, posteriormente fijó su sede social en Maza 40, donde comenzó la formación de una cooperativa, con el esfuerzo de varios hoteleros. En 1984 se logró categorizar a muchos de sus hoteles económicos como hospedajes “C”, “D” y “E” y también comenzaron a desempeñarse como establecimientos turísticos legalmente reconocidos por la Dirección General De Turismo. En la actualidad su sede funciona en Combate de los Pozos 256 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y continúa bregando por los intereses del sector ante las distintas reparticiones gubernamentales, sindicales y gremiales.